
Las propiedades del agua son conocidas desde la antigüedad. En la Prehistoria le atribuían propiedades mágicas; nuestros antepasados obtenían unos efectos u otros al beber agua o bañarse en distintos manantiales. Desconocían por qué al sentirse débiles y beber una agua determinada mejoraba su fortaleza (las aguas ricas en hierro ayudan a superar anemias). No entendían como el agua podía paliar dolores de estómago (las aguas bicarbonadas combaten digestiones pesadas o la acidez de estómago) o como ayudaba a los niños a crecer (las aguas cálcicas aportan un extra de calcio al organismo). La utilización y conocimientos del agua fueron evolucionando junto con la historia del hombre. Los griegos y romanos ya conocían que las propiedades del agua dependían de su composición y creaban distintas termas para beneficiarse de sus efectos.

La composición de cada tipo de agua va en relación a: - las partículas que absorba al caer desde las nubes - los compuestos que absorbe resultantes de la descomposición de los seres vivos que yacen sobre el suelo - los minerales que posee la tierra por la que se filtra hasta salir nuevamente a la superficie. El agua, la medicina del siglo XXI Mirando hacia atrás y viendo todos los beneficios que nos ha aportado el agua a los humanos, a día de hoy las ciudades retoman los antiguos tratamientos termales para combatir diversas patologías como estrés, depresión y falta de minerales a través de la ingestión de agua o los baños, donde la temperatura y presión son la clave. La evolución nos ha permitido conocer todos y cada uno de los componentes que conforman el agua y discernir sus usos terapéuticos: aguas con un alto contenido en litio para tratar la ansiedad gracias a sus efectos sedantes, aguas sulfurosas para el reumatismo debido a sus propiedades analgésicas, aguas sódicas para afecciones dermatológicas por sus cualidades cicatrizantes, y así un largo etcétera. A través de la nueva cultura de la balneoterapia y el Spa las metrópolis del siglo XXI se curan tal y como se hacía hace más de 2.000 años.
Fuente: Departamento de Comunicación ISED
Fuente: Departamento de Comunicación ISED
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